Arañar muebles y paredes

¡Los gatos y los arañazos van siempre juntos! El gato cuida mucho sus uñas para mantenerlas siempre bien afiladas y listas para la caza y la defensa. Pero su ritual diario de arañar tiene muchas más funciones. Le permite ejercitar y fortalecer sus patas y sus dedos, el gato realiza unos buenos estiramientos y, además, aprovecha la ocasión para marcar su territorio mediante una secreción de los dedos, que deja una huella olorosa inconfundible (para los gatos, pero inapreciable para el hombre). Por lo tanto, hay algo que está muy claro: ¡Hay que arañar!

¿Pero qué sucede si el gato y su dueño tienen diversidad de opiniones acerca de cuál sea el lugar ideal para hacerlo? En el exterior, los gatos suelen emplear troncos de árboles, estacas de vallas o trozos de madera, pero dentro de casa les da igual hacerlo en un mantel, en el marco de la puerta, en una esquina del sofá, en el respaldo del sillón, o en la más cara de las alfombras.

Lo que usted puede hacer

Los gatos siempre arañan en los mismos lugares, primero porque son animales de costumbres y, segundo, para renovar las marcas olorosas que definen su territorio. Y esta circunstancia puede aprovecharla usted en beneficio propio. Cubra los lugares que suele arañar el gato con un material bien resistente. Por ejemplo, puede forrar una tabla con un trozo de moqueta y colocarla justo en el lugar en que el gato ha empezado a “trabajar” la alfombra, o puede hacer que su minino se acostumbre a arañar un rascador colocado en el lugar en el que ya había empezado a hacer de las suyas. Coloque el rascador exactamente en el lugar adecuado, por muy mal que quede ahí, y ármese de paciencia para conseguir que el gato se decida a utilizarlo.

Cuando ya lo haya aceptado del todo, vaya desplazándolo progresivamente hasta colocarlo en su ubicación definitiva. Al mismo tiempo, cambie la distribución de los lugares de la casa que no quiera que arañe el gato de modo que le resulten lo menos atractivos posible, aunque ello no mejore precisamente el aspecto del lugar. Tampoco va a ser un cambio definitivo. Así, por ejemplo, podrá cubrir los muebles y las esquinas de las paredes con papel de aluminio o con cinta adhesiva de doble cara, o impregnarlos de aroma a cítricos o de otros olores que le resulten especialmente desagradables a los gatos (perfume, mentol, cebolla, ajo). A los gatos tampoco les gusta nada quedarse colgados de las uñas. Cubra los sillones y sofás con una red resistente. El gato no deberá sentirse molesto por ello, ya que a todo esto dispone ya de un estupendo rascador montado especialmente para él.

Sugerencia: Acostumbrarse al rascador

  • Emplee un juguete para atraer al gato al rascador y anímelo a trepar a él.
  • Felicite al gato cuando acuda al rascador por iniciativa propia. ¡A lo mejor al principio incluso encuentra alguna golosina en él!
  • Dele su sesión diaria de mimos y caricias junto al rascador. Hay que conseguir que se convierta en un lugar agradable para el gato. Un lugar en el que le guste estar.
  • Pase las manos por la superficie del rascador. El gato percibirá su olor y le añadirá el suyo propio, y se dará cuenta de que ése es un lugar estupendo para arañar.

Consejos para hacer feliz a tu gato.

Cuando nuestra mascota es un gato podemos caer en el error de pensar que, como son más independientes que otros animales, no necesitan los mismos mimos y cuidados que un perro, por ejemplo. Pero estamos equivocados: también necesitan que les recordemos que son seres muy importantes en nuestra familia. Por eso, para conseguir que sea feliz, además de cubrir sus necesidades básicas, es importante que tengamos en cuenta otras cuestiones que igualmente influirán en su bienestar y, por consiguiente, en su felicidad. A continuación, proponemos una serie de consejos para que tu felino sea una mascota muy sana y feliz.

Presta atención a su salud

Ya hemos indicado que su bienestar físico y mental está ligado a su felicidad. Parte de este bienestar está condicionado por su salud: si el gato está sano, su estado físico y mental será perfecto. Para corroborar que ello es así hay que acudir de manera regular al veterinario para realizar sus revisiones, así como para vacunarlo y desparasitarlo. En casa, es conveniente vigilar su alimentación y que el agua que beba esté siempre limpia, hay que controlar su peso, observar si siente molestias o algún tipo de malestar, si presenta heridas o problemas en el pelaje, si está más inquieto o tranquilo de lo normal, cepillarle el pelaje de manera habitual para que no se trague el pelo que se cae…

Limpia su arenero de manera regular

El bienestar de tu gato también dependerá del entorno, de cómo sea este y del estado en el que se encuentre. Ten presente que los gatos son animales bastante limpios que, además, tienen el sentido del olfato sumamente desarrollado. Por tanto, la presencia de malos olores, de heces o de restos de pis alteran de manera importante su estado de ánimo. Para evitarlo, tendremos que limpiar diariamente su espacio, cambiar la arena de manera habitual y mantenerlo alejado de zonas donde esté expuesto a malos olores.

Estimúlalo con juegos

Como cualquier animal, a los gatos les encanta jugar. Para que nuestro gato esté feliz podemos estimularlo por medio de juegos y actividades que fomenten su capacidad mental y que contribuyan a su actividad física. Si tienes jardín o terraza, realiza juegos al aire libre y facilítale que salga siempre que le apetezca, ya sea a cazar una mariposa, ya sea a tumbarse bajo el sol. Eso sí: cuando percibamos que no tiene ganas de juegos, es menester que respetemos su independencia, pues será esto lo que hará que se sienta bien en ese momento.

Demuéstrale cuánto le quieres

Siempre se piensa que, como son animales ariscos y autosuficientes, no necesitan muestras de cariño. Y eso no es cierto. A los gatos les gusta que les acaricien, que les cojan y les hagan mimos, que les presten atención para jugar. Pero, como en el caso anterior, no hay que forzarlos. Tenemos que conocer bien a nuestro gato para saber cuándo quiere que le acariciemos y cuándo quiere que le dejemos tranquilo.

Si seguimos estos sencillos consejos conseguiremos que nuestro gato sea completamente feliz.

¿Debo dejar que mi perro me lama la cara?

Beneficios de dejar que tu perro te lama la cara

1. Reduce las alergias

Está demostrado que estar en contacto frecuente con animales es bueno para el sistema inmunitario. Los niños que crecen en compañía de alguna mascota tienen menos posibilidades de desarrollar alergias respiratorias. Por lo tanto, esos lametazos pueden ser muy positivos para la salud.

2. Fija los roles de líder y seguidor

Para un perro lamer es algo instintivo que está en su naturaleza. De hecho, es común que en las manadas de coyotes y lobos los seguidores laman al jefe como una muestra de respeto. Si tu perro te lame te está demostrando que saber qué eres tú el que manda.

3. Reduce el estrés

Los perros suelen lamer a sus dueños cuando llevan mucho tiempo sin verlos. Para ellos es una forma de liberar el estrés y las tensiones. De hecho, no dejarles hacerlo puede provocar que acaben lamiendo las paredes, los cojines, etc.

4. Nos hace felices

Recibir el cariño y el amor de un animal libera dopamina y serotonina, lo que hace que inmediatamente nos sintamos más contentos.

Inconvenientes de dejar que tu perro te lama la cara

1. Riesgo de infecciones

La boca siempre supone un riesgo de infección y en los perros ocurre lo mismo. A través de su saliva pueden llegar a ti diferentes infecciones bacterianas, lo que puede generar desde una gingivitis a una tuberculosis en los casos más graves.

2. Intoxicación alimenticia

Los perros se pueden llevar a la boca prácticamente cualquier cosa, por mucho que los controlemos. Por lo que su saliva puede llegar a causar una intoxicación alimenticia tan conocida como la salmonella.

3. Te puede morder

Generalmente no conocemos a los perros tan bien como creemos. Si el perro no es nuestro se deberían evitar los lametones, ya que nunca puedes estar seguro de lo que de verdad quiere el perro, y si le acercas la cara podrías asustarlo y llevarte un mordisco.

En definitiva, no hay acuerdo sobre el tema y está claro que tiene tanto sus ventajas como sus inconvenientes. Si quieres disfrutar de los beneficios de que tu perro te lama y evitar los inconvenientes, lo mejor es que te dejes que te lama pero no que lo haga en la cara. Deja que lo haga por ejemplo en la mano y lávatela inmediatamente después.

Receta casera para tu perro: Arroz con pollo.

Receta casera para tu perro: Arroz con pollo

En esta ocasión vamos a elaborar un plato sano, nutritivo y sabroso que hará las delicias de los canes más exigentes: arroz con pollo. Además, es un plato rápido y muy económico, cuestión esta muy importante en los tiempos que corren.

¿Qué necesitaremos?

  • Arroz. Podemos optar por arroz blanco, ya sea de grano largo o corto y redondo, o por arroz integral. Si elegimos este último, debemos saber que el arroz integral tiene mucha fibra, por lo que es menester que no abusemos de este ingrediente y que lo alternemos con el arroz blanco, porque puede provocarle diarrea al perro, así como malestar intestinal.
  • Pollo. Lo ideal es buscar partes limpias, sin huesos ni tendones. Por ello, los expertos recomiendan utilizar pechugas y trocearlas para facilitar su cocinado.
  • Agua. Para hervir los dos ingredientes.

¿Cómo preparamos esta receta casera?

Podemos cocinar ambos ingredientes por separados, es decir, cocer el arroz por un lado y el pollo por otro, o incluso cocinar el pollo a la plancha y luego mezclarlo todo, pero nos saldrá más sabroso si cocemos el arroz en el caldo del pollo. Por este motivo, lo primero que vamos a hacer es trocear el pollo y ponerlo a cocer en una olla con abundante agua.  Los trozos tienen que ser de pocos centímetros, entre 1.2 y 2.4 cm, según el tamaño del animal.

Cocer el pollo: 15 minutos

El tiempo aproximado de cocción es de unos quince o veinte minutos. Si elegimos cocer las pechugas enteras o utilizamos otra parte del pollo que contenga huesos, tendremos que dejar la carne más tiempo para asegurarnos de que esté bien cocinada y después desmenuzarla con cuidado para que no se cuele piel, grasa o huesos que puedan resultar perjudiciales para el animal.

Cocer el arroz: 20 minutos

Reservamos el pollo y colamos el caldo que nos ha sobrado de cocer la carne, pues allí prepararemos el arroz. Debe estar limpio de grasa y de impurezas. Una vez que lo tengamos de nuevo en la olla, lo pondremos a hervir. Recuerda que por dos tazas y media de caldo verteremos una de arroz. En el instante en el que el agua con el arroz vuelva a hervir, bajaremos el fuego y lo dejaremos veinte minutos cociendo a fuego bajo para que el arroz esté en su punto, ni duro ni pasado. Si elegimos arroz integral, tendremos que dejar el arroz más tiempo, unos cuarenta y cinco minutos, puesto que el grano es más duro y necesita más tiempo de cocinado.

¡Mezclar y servir!

Una vez que esté cocido, lo retiramos del fuego, lo colamos y esperamos a que se enfríe. Después mezclaremos el arroz con el pollo y serviremos un poco en el plato del perro. Si no le sienta mal y le gusta, podemos añadir un poco más en la siguiente ocasión.

Cómo darle una pastilla a un perro.

Lo primero que debes hacer cuando a tu perro le pasa algo es llevarlo al veterinario; hasta ahí bien. Éste estudiará a la mascota, hará lo que tenga que hacer, y a continuación es más que probable que dé ciertas indicaciones a seguir en casa. Atender a ellas es fácil, pero llevarlas a la práctica puede acabar siendo un tormento. Quien más quien menos, todos los que compartimos nuestras vidas con un perro sabemos lo difícil que es que nuestro amigo ingiera medicamentos, por lo que si eres de los que te enfrentas a ello por primera vez, no dejes de leer estos consejos, a ver si con un poco de suerte consigues medicarle correctamente.

Cómo darle una pastilla a un perro

Acostumbrándose desde cachorro

Lo ideal es hacer que el animal se acostumbre ya desde bien pronto, obviamente, sin administrarle medicamentos cuando no le corresponden. Pero si dispones de un botiquín o similar, permite que se acerque (siempre bajo tu supervisión: jamás dejes medicamentos al alcance del animal) y se familiarice con él. Y a poco que debas ejercer alguna clase de cuidado de su salud, emplea desde ya alguno de los trucos que a continuación te diremos.

Una apuesta casi segura: premios

Haz que tu mascota asocie la ingesta de comprimidos (u otros cuidados, claro) con la recepción de un premio, ya sea para comer como para jugar, o una carantoña especialmente efusiva. Si lo vas trabajando desde cachorro, tu perro se irá acostumbrando y no se mostrará tan reacio cuando le hagas comer a la fuerza algo que no quiere.

Esconde la pastilla

Es la opción más cómoda: normalmente, si al perro no le gusta lo que tiene en la boca lo escupirá. Ahora bien, si maquillamos el sabor de una pastilla escondiéndola en algo que le guste (un pedazo de salchicha, un cuadrado de queso), puede acabar tragándosela sin darse ni cuenta. Puede servirte darle primero un pedacito sin pastilla, de manera que ya esté deseando con ansias el siguiente y lo devore sin darse cuenta del engaño. Mejor aún: tener preparado un tercer pedacito para que ni le dé tiempo a reaccionar.
Pese a todo, el perro es un animal mucho más listo de lo que pueda pensarse, y puede esconder la pastilla bajo la lengua para escupirla después (máxime si se trata de un comprimido de dimensiones considerables). Prueba a partirla en dos, o a machacarla y mezclarla después con su comida, siempre que el veterinario te diga que es posible.

Si nada funciona, toca arremangarse

Cómo darle una pastilla a un perro

Hasta ahora hablábamos de las vías fáciles. Si ninguna de ellas surge el efecto deseado, toca aplicar las técnicas más incómodas. Ábrele el hocico sujetándolo por la mandíbula o la maxila (en función del tamaño del perro) y aguarda a que realice un gesto similar a una arcada. Introduce justo en ese momento la pastilla todo lo dentro que puedas del mismo (ayudándote con el pulgar de la mano libre), y después cierra su boca firmemente, pero sin precipitarse, teniendo cuidado con su lengua para evitar que se la muerda. La deglución de la pastilla suele ser inmediata, pero si no es el caso, con la boca de tu mascota cerrada, masajea su cuello para provocarla. Eso sí: desconfía. Ya hemos dicho antes que los perros son maestros en el arte de escupir pastillas, por lo que estate un poco por él y asegúrate que no te está intentando engañar. Y por supuesto, prémiale si se muestra receptivo.

Consejos para hacer feliz a tu gato.

Cuando nuestra mascota es un gato podemos caer en el error de pensar que, como son más independientes que otros animales, no necesitan los mismos mimos y cuidados que un perro, por ejemplo. Pero estamos equivocados: también necesitan que les recordemos que son seres muy importantes en nuestra familia. Por eso, para conseguir que sea feliz, además de cubrir sus necesidades básicas, es importante que tengamos en cuenta otras cuestiones que igualmente influirán en su bienestar y, por consiguiente, en su felicidad. A continuación, proponemos una serie de consejos para que tu felino sea una mascota muy sana y feliz.

Presta atención a su salud

Ya hemos indicado que su bienestar físico y mental está ligado a su felicidad. Parte de este bienestar está condicionado por su salud: si el gato está sano, su estado físico y mental será perfecto. Para corroborar que ello es así hay que acudir de manera regular al veterinario para realizar sus revisiones, así como para vacunarlo y desparasitarlo. En casa, es conveniente vigilar su alimentación y que el agua que beba esté siempre limpia, hay que controlar su peso, observar si siente molestias o algún tipo de malestar, si presenta heridas o problemas en el pelaje, si está más inquieto o tranquilo de lo normal, cepillarle el pelaje de manera habitual para que no se trague el pelo que se cae…

Limpia su arenero de manera regular

El bienestar de tu gato también dependerá del entorno, de cómo sea este y del estado en el que se encuentre. Ten presente que los gatos son animales bastante limpios que, además, tienen el sentido del olfato sumamente desarrollado. Por tanto, la presencia de malos olores, de heces o de restos de pis alteran de manera importante su estado de ánimo. Para evitarlo, tendremos que limpiar diariamente su espacio, cambiar la arena de manera habitual y mantenerlo alejado de zonas donde esté expuesto a malos olores.

Estimúlalo con juegos

Como cualquier animal, a los gatos les encanta jugar. Para que nuestro gato esté feliz podemos estimularlo por medio de juegos y actividades que fomenten su capacidad mental y que contribuyan a su actividad física. Si tienes jardín o terraza, realiza juegos al aire libre y facilítale que salga siempre que le apetezca, ya sea a cazar una mariposa, ya sea a tumbarse bajo el sol. Eso sí: cuando percibamos que no tiene ganas de juegos, es menester que respetemos su independencia, pues será esto lo que hará que se sienta bien en ese momento.

Demuéstrale cuánto le quieres

Siempre se piensa que, como son animales ariscos y autosuficientes, no necesitan muestras de cariño. Y eso no es cierto. A los gatos les gusta que les acaricien, que les cojan y les hagan mimos, que les presten atención para jugar. Pero, como en el caso anterior, no hay que forzarlos. Tenemos que conocer bien a nuestro gato para saber cuándo quiere que le acariciemos y cuándo quiere que le dejemos tranquilo.

Si seguimos estos sencillos consejos conseguiremos que nuestro gato sea completamente feliz.

¿Por qué mi gato se escapa?

Que nuestro gato salga a menudo de casa no significa que no esté a gusto con nosotros. Aunque nos inquiete que desaparezca durante horas o días, tenemos que comprender que en sus orígenes era un animal salvaje y que el instinto no es tan fácil de aplacar.

Estas ansias de salir van en función del carácter de cada gato, algunos serán más propensos a salir y otros no tanto. Las razones por las que los gatos acostumbran a “escaparse” de casa son:

Ampliar el territorio: El gato es un animal independiente, curioso y territorial, al que, si se le brinda oportunidad, saldrá a explorar nuevos horizontes. Puede ser que quiera ampliar su territorio o simplemente tantear el terreno que lo rodea.

La actividad sexual: Los felinos tienen una vida sexual muy activa, siendo desde febrero hasta octubre el período de más apogeo. Los celos de las gatas se siguen a un ritmo frenético, de no fecundarse pueden volver a tener el celo cada ocho o quince días. Si el gato no ve cubiertas sus necesidades en nuestro hogar, intentará salir a satisfacer sus deseos.

El instinto cazador: El gato, aunque viva en la ciudad y tenga un plato de comida cada día, no puede evitar sentir ese instinto que lo empuja a cazar. Puede que perseguir ratoncitos le distraiga de una vida rutinaria o le acabe de dar ese alimento que le falta.

Peligros para el gato que vagabundea:

Para los que vivimos en la ciudad, es normal que nos preocupe que nuestro gato salga. Las calles están llenas de peligros y puede que el gato:

  • Sea atropellado.
  • Se pelee con otros gatos y salga escarmentado.
  • Sea envenenado.

Mantenga relaciones y le contagien alguna enfermedad, como la leucemia felina o el virus de la inmunodeficiencia felina .

Precauciones y posibles soluciones a las escapadas del gato

Para que el gato no pase más horas fuera que dentro de casa, los dueños podemos propiciarle un entorno que le ayude a no pensar tanto en lo que hay en el exterior.

Respetar su instinto territorial: Un gato de interior aprecia mucho su espacio y el confort. Si le propiciamos un sitio con diversas zonas de entretenimiento (donde pueda trepar, jugar y arañar) y una cama cómoda, por lo general preferirá quedarse en casa que escaparse por ahí.

Satisfacer sus necesidades: En el exterior, un gato puede hacer todo el ejercicio que quiera y saciar su espíritu curioso y su instinto cazador. Un gato que no goce de estímulos o actividad es normal que acabe frustrado, aburrido y que empiece a hacer estropicios por la casa para desahogarse, como, por ejemplo, arañar los muebles. La falta de ejercicio también puede propiciar que el gato engorde y acabe padeciendo obesidad. Para que no ocurra nada de esto, tenemos que dedicarle a nuestro gato una buena parte del tiempo que estemos en casa, jugando con él y proporcionándole diversos tipos de juguetes.

Regular las comidas: Administrando la comida a horarios fijos por la mañana y por la noche, es muy probable que cuando llegue la hora de comer el gato no ronde lejos de casa.

Castración y esterilización: En épocas de celo, un gato que no está castrado se muestra muy insistente para que el dueño lo deje salir a la calle. A parte, los machos dejan restos de orín de un olor muy fuerte y las hembras maúllan de forma constante y muy escandalosa. La única forma de erradicar estas conductas es castrar al animal.

A pesar de todas estas posibles soluciones y prevenciones, el instinto felino es muy fuerte y si queremos que nuestro gato no salga nunca de casa, la mejor solución es castrarlo.

¿Por qué a los gatos les encantan las cajas de cartón?

Las cajas de cartón suponen todo un entretenimiento para los mininos, hasta tal punto que cuando están con una, apenas hacen caso del rascador o de sus juguetes. La caja se convierte en el centro de su universo, puesto que este objeto, que a nosotros nos puede parecer simple, en ellos desata su instinto gatuno. Veamos por qué.

Ver las imágenes de origen

Pueden esconderse y estar acurrucados y calentitos sin que nada les moleste

El espacio cerrado que le ofrece la caja ayuda a que el animal se sienta seguro, a salvo de posibles amenazas que pongan en riesgo su integridad. Aunque somos conscientes de que un gato doméstico no es presa de otros cazadores, su instinto animal está presente. Dentro de la caja estos animales se sienten seguros y a salvo.

Además, esta sensación de seguridad hace que también se muestren más relajados, escondidos de los demás en un espacio donde pueden estar tumbados o acurrucados durante horas sin que nada ni nadie les moleste. Y encima, están calentitos.

Pueden observar sin ser observados

Los gatos son curiosos por naturaleza, les encanta meterse en los armarios para cotillear lo que hay en su interior o pasearse por las estanterías observando todo cuanto le rodea. La caja activa su carácter depredador, ya que desde ella pueden controlar todo lo que sucede a su alrededor sin ser vistos.

Pueden relajarse completamente

Los resultados de un estudio, practicado por expertos del Departamento de Ciencias Clínicas de Animales de Compañía de la Universidad de Utrecht, permitió comprobar que las cajas de cartón ayudan a reducir el estrés que presentan estos animales. La sensación de tranquilidad y seguridad que proporciona este pequeño cubículo de cartón propicia que dentro de este espacio se sientan relajados y serenos. Por eso, la caja contribuye a minimizar episodios de nerviosismo o estrés en los gatos.

Pueden desarrollar sus cinco sentidos

Con el oído escuchan el sonido que hacen sus dientes y sus garras cuando muerden o arañan el cartón. Su única presencia en el interior incrementa su ya de por sí desarrollado olfato, puesto que reconocen su aroma. El roce de su pelaje o de sus garras activa el sentido del tacto gatuno. Los mordiscos que le propinan al cartón, así como los posteriores lengüetazos, les permiten reconocer el objeto con la boca. Y, por supuesto, la sensación de estar metidos en un espacio pequeño y acogedor hace que asocien la caja con estas emociones y que la reconozcan en cuanto la ven.

Por todas estas razones, los gatos adoran las cajas de cartón y pueden pasarse hasta días enteros allí dentro.

Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros.

A todos nos gusta que nuestro perro pueda disfrutar de momentos de diversión y esparcimiento diarios, ya sea en el parque u otra zona abierta habilitada donde se puedan reunir perros y humanos. Es la ocasión ideal para que nuestra mascota pueda correr libre, sociabilizarse y jugar.

Pero cuidado: también puede ser un marco perfecto para que aprenda malos hábitos, se vea involucrado en una pelea, o para que nuestro vínculo con él perro se vea debilitado.

No todos los grupos de perros y personas son iguales. Hay quienes saben gestionar mejor las situaciones que se puedan producir, y quienes se ahoguen en un vaso de agua: son muchos los factores que no podemos controlar en los parques. Pero como responsables de nuestro perro, ante una situación de tensión es necesario que sepamos “leer” sus reacciones, las de los otros perros y, lo más importante, el comportamiento de los otros propietarios, para tomar una decisión. ¿Qué decisión hay que tomar? Es muy sencillo: si seguir en el parque o marcharnos y no volver más mientras el mismo grupo de personas y perros lo esté ocupando.

A continuación, vamos a explicar los 13 errores que cometemos cuando nos juntamos con un grupo de perros y personas en el parque.


1 – No recoger los excrementos de nuestro perro.

Puede parecer un error básico, pero es primordial para que el espacio donde nos encontramos no sea contraproducente para las personas y el resto de los perros. Con esta simple “norma de etiqueta” evitaremos que tanto humanos como animales se contagien de graves enfermedades. Hay que recoger siempre los excrementos del perro, no valen distracciones, ni excusas del tipo “es que estaba hablando y no me di cuenta”. Tenemos que controlarle siempre y acudir cuando haga sus deposiciones.

2 – Fallar en la educación básica del perro.

Antes de dejar suelto a nuestro perro, debemos estar seguros de que podemos controlarle desde la distancia: no tener duda alguna de que no se escapará, no molestará a otras personas, y de que vendrá a nuestra llamada en cualquier situación (dejando lo que esté haciendo). También tenemos que saber que no tiene problemas de agresividad hacia otros perros o personas. Todo ello es básico para que nuestra mascota pueda sociabilizarse de forma adecuada.

3 – Hacer del parque un lugar para ejercitar al perro.

Puede sonar extraño, pero soltar a nuestra mascota en un parque donde ya hay otros perros, y hacerlo nada más llegar, después de que se haya pasado un buen número de horas solo en casa… no es una buena idea. El animal se encuentra en un estado de excitación, y la irrupción en el grupo puede ser problemática: se pueden iniciar episodios de “caza” hacia otros perros, que pueden desembocar en peleas. Por ello, intentemos que, antes de nada, haya liberado ya buena parte de su energía contenida. El ejercicio previo puede ayudarle a comportarse mejor.

4 – No detectar a tiempo a perros groseros

Todos hemos tenido que lidiar con personas sin modales, gritonas, maleducadas… gente, y lo tenemos claro a los 30 segundos, con quien no nos gusta estar; pues con los perros pasa exactamente lo mismo: son animales que tienen un protocolo para presentarse y relacionarse entre sí (las llamadas señales de calma). Si uno de ellos lo ignora, el resto lo puede interpretar como una grosería, dando lugar a una pelea. Esto aplica tanto a los perros que hay en el parque como al nuestro: si vemos que uno no deja de incordiar a otro, es bruto, no para de ladrarle… es nuestra responsabilidad detener enseguida dicho comportamiento. Si no lo conseguimos, o vemos que los otros “pasan de todo”, nos iremos del parque. Mejor irse que arrepentirse.

5 – Llevar a nuestra mascota atada para que juegue con otros perros sueltos

Los nuevos propietarios de perros suelen llevar a su mascota al parque para que interactúe con otros animales, pero no siempre están seguros de dejarla suelta. Pues bien, unos y otros no deberían relacionarse: un perro atado se siente más inseguro porque no puede escapar, lo que puede ser motivo de pelea. Por su parte, las correas extensibles son extremadamente peligrosas, puesto que tanto humanos como perros pueden resultar heridos en caso de que la situación se descontrole.

6 – Llevar a nuestra perra en celo o preñada

Aquí no hay mucho que decir: no debería de suceder, y punto. Pero sucede. Una hembra en celo descontrola a un grupo de perros en el parque, y puede producir situaciones de agresividad entre los machos. Y si la perra está embarazada, puede ser peligroso tanto para ella como para los cachorros.

7 – Permitir que perros pequeños jueguen con grandes

Un perro pequeño puede ser visto como una presa por parte de uno grande, por lo que puede dar pie a una persecución de consecuencias desastrosas. No olvidemos que uno puede llegar a ser hasta 10, 15 veces más grande que el otro, por lo que cualquier caída, golpe, o percance voluntario o no, puede resultar fatal para nuestro amigo peludo. Por cierto, si tienes un perro pequeño nunca lo cojas en brazos al acercarte a un grupo de otras mascotas, éstas se pueden sentir excitadas y se pueden abalanzar sobre ti, propinándote golpes y mordeduras.

8 – Llevar a un perro que no responde a nuestra llamada

Nuestro perro deberá responder siempre a nuestra llamada y dejar de hacer lo que en ese momento esté haciendo (juego, pelea…) para atender a nuestro requerimiento. Si vemos que la situación se está “caldeando” entre dos o más animales, cada propietario debe llamar a su perro y terminar con esa posible situación comprometida al instante. Un perro suelto no debe ser sinónimo de descontrol, de la misma manera que un perro atado no siempre es sinónimo de control.

9 – Dejar que nuestro perro incordie a otros

Es bueno que los perros se inciten para jugar entre ellos, con ciertos movimientos con los que parece que digan “venga, juega conmigo”. Pero tenemos que evitar que se hagan pesados: si un animal incita repetidamente a otro a jugar, pero este último no le sigue la corriente, se lo hará saber huyendo de él, ignorándolo o con algún gruñido o ladrido. En ese instante, tenemos que detener al primero antes de que sea tarde, puesto que, si dejamos que siga incordiando, el segundo puede recurrir a métodos más expeditivos.

10 – Dejar que los perros se las arreglen solos

Cuántas veces hemos oído la frase: “déjalos, entre ellos ya se marcan para ver quién manda, no pasa nada”. Bien, pues es lo peor que podemos hacer. Los perros saben (o deberían saber) relacionarse y ellos, y comportarse. Pero no siempre es así, por lo que tenemos que estar siempre pendientes de nuestras mascotas y detectar posibles situaciones comprometidas o peligrosas que puedan desencadenar una pelea. Para evitar cualquier problema a tiempo, ante un propietario que piense que “se arreglan solos”, mejor irse del parque.

11 – Llevar a un perro con agresividad por pertenencia

Si nuestro perro es receloso con las cosas que le pertenecen, o se apropia de los juguetes de los demás mostrando un comportamiento agresivo, debemos evitar ir al parque hay más animales en él. En su lugar, jugaremos con él en solitario hasta que corrijamos esas conductas completamente. Lo mismo ocurre si es sobreprotector con nosotros y responde con violencia al acercarse otros perros.

12 – Ponernos a hablar con otros propietarios y no supervisar nuestro perro

Cuando estamos con otros perros la prioridad número uno es vigilar al nuestro. ¿Qué harías si tu hijo estuviera en el parque con otros niños? Estarías vigilando que no comiera arena o cualquier objeto, que no pegara a nadie, que no se subiera a ningún sitio peligroso, etcétera. Pues lo mismo aplica a las mascotas. Muchos creen que dejando a su perro en un recinto vallado (o sin vallar, pero en todo caso destinado a los animales) ya pueden desentenderse. Si quieres hablar, ir a un bar, no lo hagas mientras paseas a tu mascota.

13 – Estar más pendiente del móvil que de nuestro perro

Todo lo comentado hace un momento aplica aquí: no debemos desatender a nuestro perro por estar distraídos con el móvil, puesto que sabrá que no estamos pendientes de él y hará todo lo que normalmente no le permitimos. Evitemos que otras personas cuiden de nuestra mascota porque estemos con el teléfono o de cháchara en el parque.

Si todos seguimos estos sencillos consejos, tanto nuestro perro como nosotros seremos más felices y evitaremos situaciones de las que nos podamos estar arrepintiendo toda nuestra vida. Prestarle atención a nuestra mascota, jugar e interactuar con ella, reforzará nuestro vínculo.

No olvides que, cuando nuestro perro está suelto en el parque, debe ser nuestra principal preocupación. De lo contrario, seguramente tengamos problemas.

Estar en el parque junto a otros animales, debe ser una actividad placentera, tanto para nosotros como para nuestro amigo. Si no lo es (por la razón que sea) … mejor irnos a otro lugar para disfrutar el uno del otro sin problemas.

¿Y tú, qué opinas?

¿Para qué le sirven los bigotes al gato?

Las vibrisas, que es el nombre técnico que reciben los bigotes felinos, cuentan con terminaciones nerviosas más desarrolladas que otros pelos de su cuerpo, e incluso más que los bigotes de otros animales. Por esta razón, se trata de una parte muy importante para el movimiento y desarrollo del propio gato y por ninguna razón debemos cortarlos o arrancárselos.

Como ya hemos señalado, los bigotes lo ayudan para moverse con libertad por el entorno que le rodea, pero hay más, pues cuentan con otras funciones. Aquí te las contamos.

Le ayudan a detectar la temperatura

Los bigotes felinos no solo le permiten al animal corroborar si hace calor o frío, sino que son capaces de detectar si los objetos que le rodean queman o son fríos. Por ello, gracias a estos singulares pelos los gatos pueden saber cosas como si la comida que tienen delante quema demasiado.  

Le sirven para orientarse en la oscuridad

Actúan como los ultrasonidos en otros animales nocturnos, salvo que los bigotes no emiten ondas para localizar obstáculos o peligros. Gracias a ellos, los felinos consiguen orientarse con libertad por la noche y detectar posibles presas.

Pero, además, por medio de los bigotes conocen las dimensiones de los espacios que los rodean, el tamaño de las habitaciones o las distancias que necesitan recorrer para llegar a su destino. Por eso, si no se cuelan por una abertura demasiado estrecha es porque ya han detectado su tamaño y saben que no podrán entrar en ella sin hacerse daño.

Son un indicativo del estado de ánimo del felino

Con solo observar sus bigotes los dueños de gatos pueden saber si su animal está triste o contento; si se muestra relajado o, por el contrario, está incómodo, molesto o intranquilo por algo.

Como vemos, las vibrisas son sumamente importantes para estos animales; de ahí que debamos contribuir a su cuidado. Puede suceder que algún pelo del bigote se acabe cayendo durante la época de muda. Si ello es así, se trata de un proceso natural y no tenemos que preocuparnos. Aunque siempre podemos acudir al veterinario para que valore al felino y determine si hay algún problema detrás (como una alergia o la presencia de parásitos) o este hecho puede afectar a su comportamiento y movilidad (el animal se muestra irascible, en tensión o no puede caminar correctamente).