Los 13 errores que cometemos en los parques con nuestros perros.

A todos nos gusta que nuestro perro pueda disfrutar de momentos de diversión y esparcimiento diarios, ya sea en el parque u otra zona abierta habilitada donde se puedan reunir perros y humanos. Es la ocasión ideal para que nuestra mascota pueda correr libre, sociabilizarse y jugar.

Pero cuidado: también puede ser un marco perfecto para que aprenda malos hábitos, se vea involucrado en una pelea, o para que nuestro vínculo con él perro se vea debilitado.

No todos los grupos de perros y personas son iguales. Hay quienes saben gestionar mejor las situaciones que se puedan producir, y quienes se ahoguen en un vaso de agua: son muchos los factores que no podemos controlar en los parques. Pero como responsables de nuestro perro, ante una situación de tensión es necesario que sepamos “leer” sus reacciones, las de los otros perros y, lo más importante, el comportamiento de los otros propietarios, para tomar una decisión. ¿Qué decisión hay que tomar? Es muy sencillo: si seguir en el parque o marcharnos y no volver más mientras el mismo grupo de personas y perros lo esté ocupando.

A continuación, vamos a explicar los 13 errores que cometemos cuando nos juntamos con un grupo de perros y personas en el parque.


1 – No recoger los excrementos de nuestro perro.

Puede parecer un error básico, pero es primordial para que el espacio donde nos encontramos no sea contraproducente para las personas y el resto de los perros. Con esta simple “norma de etiqueta” evitaremos que tanto humanos como animales se contagien de graves enfermedades. Hay que recoger siempre los excrementos del perro, no valen distracciones, ni excusas del tipo “es que estaba hablando y no me di cuenta”. Tenemos que controlarle siempre y acudir cuando haga sus deposiciones.

2 – Fallar en la educación básica del perro.

Antes de dejar suelto a nuestro perro, debemos estar seguros de que podemos controlarle desde la distancia: no tener duda alguna de que no se escapará, no molestará a otras personas, y de que vendrá a nuestra llamada en cualquier situación (dejando lo que esté haciendo). También tenemos que saber que no tiene problemas de agresividad hacia otros perros o personas. Todo ello es básico para que nuestra mascota pueda sociabilizarse de forma adecuada.

3 – Hacer del parque un lugar para ejercitar al perro.

Puede sonar extraño, pero soltar a nuestra mascota en un parque donde ya hay otros perros, y hacerlo nada más llegar, después de que se haya pasado un buen número de horas solo en casa… no es una buena idea. El animal se encuentra en un estado de excitación, y la irrupción en el grupo puede ser problemática: se pueden iniciar episodios de “caza” hacia otros perros, que pueden desembocar en peleas. Por ello, intentemos que, antes de nada, haya liberado ya buena parte de su energía contenida. El ejercicio previo puede ayudarle a comportarse mejor.

4 – No detectar a tiempo a perros groseros

Todos hemos tenido que lidiar con personas sin modales, gritonas, maleducadas… gente, y lo tenemos claro a los 30 segundos, con quien no nos gusta estar; pues con los perros pasa exactamente lo mismo: son animales que tienen un protocolo para presentarse y relacionarse entre sí (las llamadas señales de calma). Si uno de ellos lo ignora, el resto lo puede interpretar como una grosería, dando lugar a una pelea. Esto aplica tanto a los perros que hay en el parque como al nuestro: si vemos que uno no deja de incordiar a otro, es bruto, no para de ladrarle… es nuestra responsabilidad detener enseguida dicho comportamiento. Si no lo conseguimos, o vemos que los otros “pasan de todo”, nos iremos del parque. Mejor irse que arrepentirse.

5 – Llevar a nuestra mascota atada para que juegue con otros perros sueltos

Los nuevos propietarios de perros suelen llevar a su mascota al parque para que interactúe con otros animales, pero no siempre están seguros de dejarla suelta. Pues bien, unos y otros no deberían relacionarse: un perro atado se siente más inseguro porque no puede escapar, lo que puede ser motivo de pelea. Por su parte, las correas extensibles son extremadamente peligrosas, puesto que tanto humanos como perros pueden resultar heridos en caso de que la situación se descontrole.

6 – Llevar a nuestra perra en celo o preñada

Aquí no hay mucho que decir: no debería de suceder, y punto. Pero sucede. Una hembra en celo descontrola a un grupo de perros en el parque, y puede producir situaciones de agresividad entre los machos. Y si la perra está embarazada, puede ser peligroso tanto para ella como para los cachorros.

7 – Permitir que perros pequeños jueguen con grandes

Un perro pequeño puede ser visto como una presa por parte de uno grande, por lo que puede dar pie a una persecución de consecuencias desastrosas. No olvidemos que uno puede llegar a ser hasta 10, 15 veces más grande que el otro, por lo que cualquier caída, golpe, o percance voluntario o no, puede resultar fatal para nuestro amigo peludo. Por cierto, si tienes un perro pequeño nunca lo cojas en brazos al acercarte a un grupo de otras mascotas, éstas se pueden sentir excitadas y se pueden abalanzar sobre ti, propinándote golpes y mordeduras.

8 – Llevar a un perro que no responde a nuestra llamada

Nuestro perro deberá responder siempre a nuestra llamada y dejar de hacer lo que en ese momento esté haciendo (juego, pelea…) para atender a nuestro requerimiento. Si vemos que la situación se está “caldeando” entre dos o más animales, cada propietario debe llamar a su perro y terminar con esa posible situación comprometida al instante. Un perro suelto no debe ser sinónimo de descontrol, de la misma manera que un perro atado no siempre es sinónimo de control.

9 – Dejar que nuestro perro incordie a otros

Es bueno que los perros se inciten para jugar entre ellos, con ciertos movimientos con los que parece que digan “venga, juega conmigo”. Pero tenemos que evitar que se hagan pesados: si un animal incita repetidamente a otro a jugar, pero este último no le sigue la corriente, se lo hará saber huyendo de él, ignorándolo o con algún gruñido o ladrido. En ese instante, tenemos que detener al primero antes de que sea tarde, puesto que, si dejamos que siga incordiando, el segundo puede recurrir a métodos más expeditivos.

10 – Dejar que los perros se las arreglen solos

Cuántas veces hemos oído la frase: “déjalos, entre ellos ya se marcan para ver quién manda, no pasa nada”. Bien, pues es lo peor que podemos hacer. Los perros saben (o deberían saber) relacionarse y ellos, y comportarse. Pero no siempre es así, por lo que tenemos que estar siempre pendientes de nuestras mascotas y detectar posibles situaciones comprometidas o peligrosas que puedan desencadenar una pelea. Para evitar cualquier problema a tiempo, ante un propietario que piense que “se arreglan solos”, mejor irse del parque.

11 – Llevar a un perro con agresividad por pertenencia

Si nuestro perro es receloso con las cosas que le pertenecen, o se apropia de los juguetes de los demás mostrando un comportamiento agresivo, debemos evitar ir al parque hay más animales en él. En su lugar, jugaremos con él en solitario hasta que corrijamos esas conductas completamente. Lo mismo ocurre si es sobreprotector con nosotros y responde con violencia al acercarse otros perros.

12 – Ponernos a hablar con otros propietarios y no supervisar nuestro perro

Cuando estamos con otros perros la prioridad número uno es vigilar al nuestro. ¿Qué harías si tu hijo estuviera en el parque con otros niños? Estarías vigilando que no comiera arena o cualquier objeto, que no pegara a nadie, que no se subiera a ningún sitio peligroso, etcétera. Pues lo mismo aplica a las mascotas. Muchos creen que dejando a su perro en un recinto vallado (o sin vallar, pero en todo caso destinado a los animales) ya pueden desentenderse. Si quieres hablar, ir a un bar, no lo hagas mientras paseas a tu mascota.

13 – Estar más pendiente del móvil que de nuestro perro

Todo lo comentado hace un momento aplica aquí: no debemos desatender a nuestro perro por estar distraídos con el móvil, puesto que sabrá que no estamos pendientes de él y hará todo lo que normalmente no le permitimos. Evitemos que otras personas cuiden de nuestra mascota porque estemos con el teléfono o de cháchara en el parque.

Si todos seguimos estos sencillos consejos, tanto nuestro perro como nosotros seremos más felices y evitaremos situaciones de las que nos podamos estar arrepintiendo toda nuestra vida. Prestarle atención a nuestra mascota, jugar e interactuar con ella, reforzará nuestro vínculo.

No olvides que, cuando nuestro perro está suelto en el parque, debe ser nuestra principal preocupación. De lo contrario, seguramente tengamos problemas.

Estar en el parque junto a otros animales, debe ser una actividad placentera, tanto para nosotros como para nuestro amigo. Si no lo es (por la razón que sea) … mejor irnos a otro lugar para disfrutar el uno del otro sin problemas.

¿Y tú, qué opinas?

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